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Firma invitada

Posteado en Jul 23, 2012
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La psiquiatra y psicoterapeuta, Ana María Távora Rivero nos habla sobre la construcción de género y la subordinación de la mujer en base a la necesidad identitaría de sentirse en pareja. La solución es aceptar tus carencias o necesidades y buscar otras maneras, como la autonomía o el desarrollo personal, de salvarlas.

 

Uno de los mecanismos a través de los cuales se construye la subordinación interna sería a través de la creación, en las mujeres, de determinadas necesidades, y con la creencia de que sólo van a poder ser cubiertas a partir del amor de los otros.

A continuación se reproduce parte de un artículo ‘Sobre las necesidades propias y el amor de pareja’ de Ana María Távora Rivero, psiquiatra y psicoterapeuta del Servicio Andaluz de Salud, publicado en la revista Diálogos de junio de 2012. Si quieres acceder al resto del artículo, pincha aquí.

 

En este pequeño articulo me planteo hacer una reflexión sobre un malentendido que entiendo es básico para ubicarnos en un lugar de subordinación en nuestras vidas. Parto de la hipótesis de que la desigualdad social se mantiene, entre otras estrategias, porque a través de mecanismos muy sutiles el sistema hegemónico consigue que las mujeres internalicemos unos valores que van a construir nuestras identidades desde la sumisión o el sometimiento.

 

Uno de los mecanismos a través de los cuales se construye la subordinación interna seria a través de la creación, en las mujeres, de determinadas necesidades, y con la creencia de que sólo van a poder ser cubiertas a partir del amor de los otros. Se potencia así un tipo de identidad, la de estar en relación; una especialidad, la de los afectos; y un conocimiento detallado a cerca de lo que quiere el otro, con la fantasía de que si le das lo que necesita te cubrirá lo que te falta. Convirtiéndose este mecanismo en un mandato claro: céntrate en lo relacional como estrategia para construir tu identidad.

 (…)

Aclarar el malentendido de que siempre hay alguna manera de conseguir lo que necesitas, que es consiguiendo que te quieran, y que va a depender de ti y de lo “buena” que seas tenerlo o no. Malentendido que elude otras formas posibles de elaborar la frustración por lo que necesitaste y no tuviste. Otras maneras posibles de situarnos como la aceptación. Aceptando lo que no te dieron y desde ese lugar dejar de llevarte toda la vida buscando que te lo den. O llenar estas necesidades de apego o narcisistas potenciando otras que no están tan condicionadas por los afectos, como las de desarrollo personal, las de seguridad básica, las de autonomía, o las necesidades relacionadas con sentirse poderosa o tener poder. De alguna forma, dejar de utilizar el apego y el narcisismo unido al apego como llaves para entrar en el desarrollo de estas otras necesidades. Poder pensar en lo que nos interesa, en nuestras potencialidades y capacidades, en nuestra formación, en nuestro saber, sin que necesariamente tengan que ir unido a sentirme querida.

 

Aceptar que somos lo que somos y, desde ahí, construirnos como sujetos adultos, elaborando y aceptando que efectivamente nos quedamos con las ganas, pero que no pudo ser de otra manera. E incluso esto, a pesar de que me consta que, en muchos casos, las carencias fueron altamente significativas. En trabajos previos hemos definido lo que hemos denominado vínculo subordinado como una manera particular de relacionarnos que estaría determinada por estas carencias no aceptadas y que colocarían a muchas mujeres en un lugar de “déficit” o de falta. Esta forma de interacción tendría algunas características que hemos consideramos centrales:

 

  1. Tener priorizada una forma de relacionarse que es estar en relación, al entender que las necesidades se cubren principalmente a través del amor de los otros. Con una estrategia predominante: la de hacerse imprescindible como una forma de garantizar que te den el amor que crees que necesitas.
  2. Valorización de las relaciones de pareja. Ocupando la misma un lugar central en la organización de sus vidas y de sus intereses.
  3. Conflictos en las relaciones con otras mujeres, principalmente la envidia, la rivalidad y los celos.
  4. No haber elaborado la situación depresiva básica en su grupo familiar. Dificultades para aceptar las carencias afectivas que se tuvieron en este grupo.
  5. Poco conocimiento de una misma y de sus emociones. El interés sobre todo es descubrir las necesidades de los demás, en detrimento de las propias.
  6. Legitimar algunas emociones como la culpa y deslegitimar otras como sentir agresividad.
  7. Confusión sobre qué es lo mío y lo del otro produciéndose mucha perplejidad en la creación de los deseos. No sabiendo diferenciar entre los deseos propios y los que no lo son.
  8. La presencia destacada de determinados miedos, el miedo a ser abandonada y como consecuencia de esto quedarse sola. El miedo y los conflictos con el poder y el miedo a sentirse autónoma.

(…) continuación de artículo en Diálogos número 88.

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