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Surge en 1990, de la necesidad de tener en cuenta las características específicas del mundo adolescente en los programas de salud y educación sexual.
Existen un buen número de factores, que ya sea a nivel personal o social, están influyendo en las conductas sexuales de los jóvenes, contribuyendo a aumentar o disminuir los riesgos a que se hallan expuestos en relación a la salud sexual y reproductiva. Entre los factores que incrementan estos riesgos, podemos señalar:
- la disminución en la edad de la menarquia,
- la disminución de la edad de inicio de relaciones coitales,
- factores sociales como el nivel socioeconómico, el nivel de educación sexual, la presión ejercida por los medios de comunicación, los dobles mensajes de permisividad y prohibición, etc..
- factores asociados a la propia estructura y forma de las relaciones de pareja juveniles: suelen ser imprevistas, esporádicas, y poco estables.
- factores asociados al entorno de sus iguales como la presión del grupo, y la transmisión errónea de información,
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- factores asociados a las características propias del ser adolescente
como la baja percepción de las situaciones de riesgo o las características propias del "pensamiento mágico" del tipo "la primera vez no pasa nada", "a mí no me va a pasar, no voy a tener tan mala suerte", etc..,
- factores derivados de los propios conocimientos y habilidades personales, como el nivel de información, los mitos y creencias erróneas, la falta de habilidades de comunicación, la baja autoestima, la ambivalencia hacia el deseo de maternidad, etc..,
- factores derivados de la dificultad de acceso a los servicios preventivos: falta de espacios propios para jóvenes, falta de confidencialidad, dificultad de acceso a los métodos anticonceptivos, etc..,
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