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La salud que nos venden los supermercados

Posteado en Dic 9, 2015
La salud que nos venden los supermercados

“En salud los derechos se han quedado tres pasos por detrás de nosotros, y sólo con el fortalecimiento de la sociedad civil estarán a nuestro lado. Para ello necesitamos investigación, movilización y alianzas inteligentes”. Con este llamamiento concluyó la jornada organizada por las entidades de la red Acción por la Salud Global en el Estado español, entre ellas la FPFE, y que ha contado con prestigiosos expertos internacionales.

En el seminario celebrado el 26 de noviembre en Madrid bajo el lema “La salud y las agendas internacionales: ¿dónde quedan los derechos?”  han participado representantes de organizaciones sociales que trabajan por el derecho a la salud, representantes políticos, personas expertas del ámbito académico y periodistas. Con esta jornada, las organizaciones que integran la red en nuestro país (Anesvad, Farmamundi, la Federación de Planificación Familiar Estatal, Médicos del Mundo y Medicusmundi) querían reflexionar y presentar propuestas colectivas sobre las desigualdades de la salud en el mundo y la necesidad de resolverlas; sobre la urgencia de pasar de los grandes discursos a las acciones en la política europea sobre la salud, o sobre el impacto de las políticas de austeridad en la sanidad del Estado español.

La alimentación, hacia el desastre sanitario

El médico sudafricano David Sanders, miembro de la dirección del Movimiento para la Salud de los Pueblos, ha alertado sobre el impacto que está teniendo en la  salud la dramática liberalización del sector de los alimentos, que ha quedado en manos de cuatro o cinco compañías a las que es difícil controlar y cuyos informes se contraponen con las recomendaciones sanitarias. De acuerdo con los datos disponibles, “el derecho a la alimentación va camino de convertirse en un desastre sanitario”. Sanders pone como ejemplo la ironía de que en muchos países de África los supermercados aumentan en los sitios donde hay una mayor pobreza, y su oferta es diferente a la de zonas menos pobres: la cantidad de productos procesados es mayor. En palabras de Sanders,  “las políticas sanitarias han ignorado los determinantes sociales de la salud”, y se caracterizan cada vez más por la comercialización de la atención sanitaria. “Y a menos que trabajemos para fortalecer a la sociedad civil no nos espera un futuro optimista. Nos enfrentamos al cambio climático y a diversas enfermedades. La desigualdad sigue creciendo a pesar de los objetivos de desarrollo sostenibles, que son más de lo mismo especialmente en economía: los países menos desarrollados, dicen, deben aumentar su PIB un 7%, pero para ello necesitaríamos tres planetas y medio”. ¿Qué hacer? Para David Sanders la respuesta está en el fortalecimiento de la sociedad civil y en la participación de las comunidades en la toma de decisiones, por medio de la investigación para la incidencia, la movilización y las alianzas.

La hipócrita Europa

Tim Roosen, el coordinador de la red europea Acción por la Salud Global, hacía un recorrido por los objetivos de desarrollo sostenibles recientemente aprobados por Naciones Unidas y que marcarán las agendas de desarrollo en los próximos 15 años. Unos objetivos que incluyen la cobertura sanitaria universal ligada al acceso universal y a la protección financiera frente a los gastos sanitarios, así como el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación de la familia, información y educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales. Para Roosen la agenda está llena de buenos objetivos, pero también suscita varias preocupaciones. La principal, la financiación.

Este experto critica que en la cumbre sobre financiación para el desarrollo celebrada en Addis Abeba el pasado mes de julio no se acordara ningún plazo para la consecución de los objetivos de financiación, que  países como Estados Unidos o los de la Unión Europea impidieran el establecimiento de un marco mundial para regular los impuestos que pagan las multinacionales,  y que se permitiera que bloques regionales como la propia Unión Europea impusieran excepciones en el cumplimiento de los acuerdos en caso de necesidades de las “políticas de austeridad”. Una Unión Europea de la que Tim Roosen recordaba que si bien ha impulsado los 17 objetivos de desarrollo sostenible, no parece tener en orden la casa: “hemos preguntado a la UE si cuenta con una estrategia de salud para los próximos años, y la respuesta ha sido que no. Hemos preguntado si cuenta con un plan de acción en salud, y nuevamente la respuesta ha sido negativa”. También es negativa la realidad de la ayuda oficial al desarrollo (AOD), que cuando llega a los países que lo necesitan no sólo satisface necesidades de la población sino que es un revulsivo para el aumento de otro tipo de recursos, pero que, como Roosen señala, cada vez tiene un peso menor y además no está llegando como debiera a las poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad: “cada vez más se dirige la financiación a aquellos países y sectores en los que los países donantes tienen intereses nacionales, y además se están contabilizando como ayuda partidas que no lo son”. Por tanto, hay que insistir en la rendición de cuentas y en la coherencia de políticas. Como organizaciones de la sociedad civil “tenemos que hacer muy visible, por ejemplo, que como han dicho cientos de economistas muy prestigiosos en una reciente declaración, invertir en el acceso a la salud es muy rentable. Y además tenemos que estar sentados en las mesas de negociación y de toma de decisiones. Hay que estar en los espacios donde se decide y se gestiona”.

“Hay que trabajar por un acuerdo social que blinde el derecho a la salud”

Para el médico y experto en sistemas de salud Carlos Artundo, estamos ante una crisis sistémica global cuyo impacto en la salud es innegable. Para Artundo, el Estado español cuenta con un sistema sanitario razonablemente bueno, que ha extendido el acceso en los últimos 30 años aunque cuenta con debilidades estructurales, y que ahora está sufriendo ataques no sólo mediante recortes presupuestarios o disminución de profesionales, sino que parecen pretender “un cambio de modelo, de uno de ciudadanos a uno de asegurados o beneficiarios”, que es lo que introduce el decreto 16/2012 también llamado de la “exclusión sanitaria” por las organizaciones sociales relacionadas con la salud. Además, Artundo advierte de que los datos ya están mostrando el impacto que están teniendo otros determinantes sociales como el desempleo o los desahucios en la salud. Por todo ello, Carlos Artundo hace un llamamiento para que se construya “un acuerdo social, político y profesional que blinde el derecho a la salud y su financiación pública, que dé prioridad a la salud pública, la atención primaria de base comunitaria y la inclusión de la salud en todas las políticas, además de consolidar instrumentos públicos para medir los avances y riesgos de manera objetiva y controlar las prácticas de las empresas relacionadas con el negocio de la salud”.  Este acuerdo debe ir aparejado, en su opinión, con la participación social no como algo cosmético, sino en la toma de decisiones, y con la necesidad  “de investigar para presentar evidencias, de movilizarnos y de establecer alianzas inteligentes en red. Ir solos no sirve para nada; eso es viejo. Tenemos que unirnos las asociaciones sanitarias y sanitaristas; de salud pública, ONG, sindicatos, profesionales…Este es el punto clave, porque la evidencia está, pero de ella hay que pasar a cambiar las cosas”.

 

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